Ganso y Pulpo

Catálogo ◉ Narrativa breve

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  • Imagen de cubierta Ardides de un usurero 1878El Periódico para TodosEscamillaSituación dramática

    Cuento donde un usurero pretende la mano de una joven tras enterarse por la prensa de la herencia inesperada que debe recibir.

    Doña Circuncisión Mendaña regenta una casa de huéspedes venida a menos en la calle de Santa Isabel. Hace ya tiempo que nadie se queda bajo su pupilaje, pues su fama es terrible y para nada envidiable. Vive con su hija Andrea, una muchacha de 20 años, dulce y simpática según la opinión de Federico, un joven que estuvo alojado en la casa, que dejó a deber ocho mesadas y que lleva ya cursando la carrera de leyes unos catorce o dieciséis años. Obviamente, la patrona no concede la mano de su hija a un hombre que, además de no tener una peseta, necesita tanto tiempo para terminar su carrera. Así es que se le adelanta don Timoteo Lobo, un usurero conocido tanto por el joven como por la patrona. Este actúa movido por la noticia de una herencia inesperada que va a recibir la señora tras la muerte de su hermano en Brasil. El usurero intentará por todos los medios que ella no se entere hasta después de la boda, pero en Madrid las noticias vuelan de boca en boca.

  • Imagen de cubierta La segunda hipoteca 1899EchegarayLa Ilustración ArtísticaSátira

    Cuento donde un usurero sueña con tener una segunda hipoteca en el cielo cristiano.

    Don Orosio Redondo, usurero de oficio, aun no siendo aficionado a soñar, pues ninguna ganancia soñada se materializa en forma de plata o de oro en sus arcas, tiene un vívido sueño que comienza con la huida de uno de sus deudores, al que debe ir a buscar a la iglesia. En el templo, don Orosio se verá perturbado por unas palabras del sermón del sacerdote desde el púlpito: la promesa de que Dios da ciento por uno. Con esta premisa, piensa al instante, ¡quién pudiera prestarle a Dios! Resuelto, sale dispuesto a dar dinero a las viejas que piden limosna en la puerta de la iglesia, pero entonces le asalta la duda del plazo. Porque ¿cuánto tiempo tardaría Dios en cumplirle la promesa del predicador? Una vez que el cura le ha asegurado que para Dios la eternidad es un instante, decide que lo más prudente es que le garanticen ese ciento por uno con una buena hipoteca en el cielo. Tras firmar la escritura, el sueño de don Orosio comienza a convertirse en pesadilla.

  • Imagen de cubierta Sueño interrumpido 1881Los Lunes de El ImparcialOculto y sobrenaturalOrtega Munilla

    Cuento donde un médico, un cura y un usurero se encuentran con un matrimonio que ha despertado de un sueño de cien años.

    Nunca se han abierto las ventanas del número 37 de la calle de la Paloma, una casa apoyada con un puntal en el siglo XVIII y pegada a una fábrica de obleas que se vale de todos los adelantos del siglo XIX. Sin embargo, un buen día de 1881 sus ventanas se abren y, poco después, se ve en la calle a un hombre que suscita por su aspecto anticuado la hilaridad de las gentes que habitan la calle en día de mercado. En su tienda de antigüedades despierta a su esposa, María del Pópolo. La gente se agolpa a la puerta de la tienda, sospechando que se trata de unos farsantes o unos titiriteros. Un joven doctor, un cura y un usurero serán los vecinos encargados de entrar a hablar con ellos, descubriendo que se trata de un matrimonio que acaba de interrumpir un sueño de cien años.

  • Imagen de cubierta Las tres naranjas 1874El Periódico para TodosGarcía SánchezLeyendas y mitología

    Cuento oriental donde tres naranjas simbolizan los ideales de caridad, fe y esperanza.

    En este cuento maravilloso vive el poderosísimo rey Abul, padre de tres hermosos y robustos mancebos y dueño de un palacio de impresionante arquitectura. La fama de este era universal, y de todas partes del mundo llegaban diariamente infinitos viajeros, ávidos de contemplar por sus propios ojos aquella maravilla nunca bien ponderada. Entre ellos, un día llega un viejo árabe al que abrasa la envidia y, movido por ella, hace creer al rey que la construcción de su palacio es obra de un espíritu maligno. En sueños conoce el modo de acabar con el palacio que ansía y no puede poseer, pues si algún príncipe llegase hasta el castillo del Águila negra, y penetrando en sus jardines, arrancase de él tres naranjas, una vez de vuelta con ellas, bastaría que las colgase de las tres puertas de entrada de su palacio, para que este se viniera inmediatamente abajo. Engañado el rey sobre el poder de las naranjas, envía a sus hijos, de uno en uno, a conseguirlas.

  • Imagen de cubierta El gallo de la Pasión 1884La Ilustración ArtísticaLarraSituación dramática

    Cuento donde un joven abogado reniega de la joven a la que deja embarazada en aras de un matrimonio más conveniente.

    Luisa, huérfana de padres, pobre y desvalida, gana miserablemente su sustento con el jornal mezquino que ofrece a la mujer la industria o el trabajo. Hace tres meses que es madre, y tres meses hace que el hombre a quien dio su amor y en quien confió su ventura, no ha vuelto a pisar los umbrales de su desdichada morada. Este es Carlos de Monreal, joven abogado a quien, una noche de Miércoles Santo, encontramos pidiendo a un rico almacenista de maderas la mano de su hija. Ante las preguntas de este, conocedor de los rumores que corren sobre su vida de soltero, se muestra libre de cualquier arrepentimiento. Como Pedro hizo con Jesús, niega hasta tres veces su historia de amor con la pobre costurera Luisa.

  • Imagen de cubierta El castillo de Magdalo 1900IrisLeyendas y mitologíaZahonero

    Leyenda bíblica que narra la conversión a la humildad de María Magdalena al conocer a Jesús de Nazaret.

    En una de las colinas de Galilea se alza orgulloso un castillo de arquitectura asiria conocido como el castillo de Magdalo. Se dice que este fue comprado por mano de la misma que fue su dueña, que tras su hermosura y aparente señorío encubría las astucias de la mujer mundana e incluso vida y tratos de meretriz. Su nombre quedó encubierto con el del castillo y todos la conocían con el nombre de Magdalena. La presente leyenda comienza en una mañana en que la señora siente en su pecho una agitación y un afán inexplicables, sedienta de un amor que nada tiene de terrenal. Las noticias traídas por uno de sus siervos acerca del profeta Jesús de Nazaret la tienen conmocionada y, con espíritu renovado, no duda ni un momento en ir al mercado en busca de los más caros aceites y perfumes para limpiar los pies del maestro.

  • Imagen de cubierta Palomo 1894La Ilustración ArtísticaRodríguez ChavesSituación dramática

    Cuento donde la fidelidad de un perro predomina sobre la de una mujer.

    Palomo era el perro del batallón provincial de Laredo. Tuerto y con la oreja izquierda cercenada por un casco de metralla no es un animal bello físicamente, sin embargo en lo moral muestra un corazón más valioso que el oro. La cuestión es que tras tomar la absoluta el narrador de esta historia, vuelve a su pueblo acompañado de su fiel amigo Palomo. Ahí el hombre se enamora perdidamente de Rosalía, que es la antítesis completa del pobre y feo perro. Pronto se casa con ella, que tan solo tiene una exigencia que hacer a su futuro esposo: que se libre del chucho que lo acompaña. Él, aunque con pena, no duda en hacerlo y, cuando el tiempo muestra la ingratitud de su esposa y de un amigo, que lo deshonran con su amor adúltero, y él ya tiene la navaja en la mano, una nueva muestra de fidelidad cabe esperar del desdichado Palomo.

  • Imagen de cubierta El aderezo de perlas 1874El Periódico para TodosMoral cristianaWilson

    Cuento donde una joya sirve como instrumento de caridad y bondad.

    Don Justo Gálvez tenía fama de poseer una gran fortuna; pero avaro y receloso, vivió siempre pobremente, de modo que sus dos hijos, Rafael y Blanca, carecían a veces de lo más estrictamente necesario. Avaro hasta el último extremo, no perdonó jamás a un hermano suyo el haberse casado con una joven pobre; y aun cuando esta, ya viuda, había implorado su piedad para ella y una pobre niña, fruto de su unión, no había conseguido sino irritarle y endurecer su corazón más y más. Siendo viudo, guardó las joyas que componían la dote de su esposa intactas hasta el momento en que, una vez muerto él, las encontraron sus hijos. Entre ellas se encuentra un aderezo de perlas que la joven Blanca luce el día de su boda y que decide empeñar para socorrer a su pobre prima y su tía moribunda.

  • Imagen de cubierta La corrida 1882La Ilustración ArtísticaMartínez PedrosaSátira

    Cuento donde un niño de una familia pobre y analfabeta acude por primera vez a la barbarie de una corrida de toros.

    En uno de los barrios bajos de Madrid viven Eulogio y Norberta junto con sus dos hijos: Felipín, que cuenta ocho años pero aún no va a la escuela, y un niño de pecho. Asfixiados y envilecidos por la pobreza, con pocas pertenencias para empeñar, reciben una limosna del Refugio. Lejos de emplearla para aliviar sus deudas y llenar sus estómagos, no dudan en gastar lo recibido en ir a una corrida de toros. Esta es la primera a la que asiste Felipín, cuya inocencia se ve corrompida por la vileza y la sangre del espectáculo. Al día siguiente, la familia ve una pendencia de honor entre dos vecinos en plena calle y el niño, tras su experiencia, entiende que debe festejar la barbarie, mientras su pequeño hermano, anémico, sigue debilitándose.

  • Imagen de cubierta El hombre-catástrofe 1881El Periódico para TodosEscamillaSituación dramática

    Cuento donde un viajero de tren da cuenta de cómo la fatalidad siempre viaja con él.

    En un vagón de segunda clase del tren-correo del Norte se encuentra el narrador de esta historia con otras siete personas. El primero de ellos es un inglés de continente glacial e inmovilidad absoluta. Cerca de él viaja un matrimonio acomodado de Valladolid que había ido a Madrid con motivo de la fiesta de San Isidro. Frente a ellos se rebulle un empleado de seis mil reales, recién salido de una cesantía. La sexta persona es una mujer de unos treinta años que no cesa de llorar desde su entrada en el coche debido a la pena que siente al separarse de su marido. La séptima persona es un señor, bajo y rechoncho, muy hablador, cuya vida parece no tener más objeto que fumar y comer. Es precisamente él quien después se conocerá como el hombre-catástrofe, pues como él mismo cuenta repasando sus heridas ferroviarias, siempre ha viajado mucho y siempre con la mayor desgracia. Desde ese instante, lo esencial para el grupo era separarse de este hombre que lleva en sí todas las catástrofes posibles.