Ganso y Pulpo

Alejandro Pérez Lugín

Introducción

Alejandro María de las Mercedes Pedro Pérez García Lugín destacó en múltiples campos: periodismo, novela, cine… Su nombre resulta recurrente entre los seguidores de la tauromaquia de principios del siglo XX, pues fue uno de los principales revisteros taurinos. Más afín a los intereses de Ganso y Pulpo, encontramos su nombre entre los novelistas costumbristas de principio de siglo, centrado en los ambientes de Galicia y Andalucía. Tal vez podría decirse que en el ámbito rural gallego adquiere una mayor trascendencia política, mientras que su amor por el sur se traduce en la conjunción de diversas pasiones e instintos.

A continuación presentamos algunos datos acerca de su vida y producción, que debemos exclusivamente al estupendo trabajo realizado por Julia María Labrador Ben Bibliografía crítica de Alejandro Pérez Lugín, publicado en «DICENDA. Cuadernos de Filología Hispánica» en 1999 y disponible online para todo aquel que desee más datos de los aquí extraidos en el siguiente enlace.

Ganso y Pulpo reedita parte de su producción literaria desde el día 3 de junio de 2011.

Semblanza

Alejandro Pérez Lugín nació el 22 de febrero de 1870 en Madrid, hijo de padre andaluz y madre gallega. En 1879 ingresó en el Instituto Cardenal Cisneros, donde estudió los primeros cursos del Bachillerato. No obstante, en 1883 se trasladó con su familia a Santiago de Compostela, donde sus padres instalaron una camisería llamada «El Buen Gusto». En la Universidad de la ciudad compostelana estudió Derecho, licenciándose en junio de 1891.

En estos años de juventud comenzó a publicar sus primeros artículos en El Pensamiento Galaico, pero en 1893 regresó a Madrid para ejercer como abogado sin pleitos, pasante, secretario de algún político menor y juez municipal. Dentro de su carrera es quizás el hecho más destacable su actuación en el Supremo como defensor de Celestino Rodríguez, acusado de haber cometido el «Crimen de la Herradura».

Después de desempeñar trabajos burocráticos en la dirección general de los Registros y el Notariado, el Ministerio de Agricultura, Fomento y los Ferrocarriles del Norte, se convirtió en representante de una empresa de explosivos, trabajo éste que lo mantenía siempre viajando y permitió así que conociese en Valencia a la que sería su esposa.

Finalmente pareció encontrar su vocación en el mundo de las letras y así se adentró en el ámbito periodístico, pasando rápidamente de gacetillero a redactor de La Tribuna, donde en poco tiempo alcanzo una fama considerable con sus colaboraciones. Mismo éxito le acompañó con sus primeras novelas: La Casa de la Troya {1915} y Currito de la Cruz {1921}.

Como periodista colaboró en varios periódicos y de entre sus trabajos destacan sus reportajes como enviado especial del diario El Debate con motivo de la guerra de Marruecos.

Finalmente, relegó a un segundo plano su labor periodística y literaria debido a la atracción que sobre él produjo el medio audiovisual. Así, tras realizar una serie de documentales sobre la guerra, dedicó su empeño en dirigir la filmación de sus dos primeras novelas. Este trabajo mermó su salud hasta el punto de que en mayo de 1926, estando en Sevilla, enfermó de tifus. Trasladado a su casa de El Burgo {La Coruña} para recuperarse de la enfermedad, se agravó hasta el punto de morir el 5 de septiembre de 1926.

El Ayuntamiento de La Coruña se encargó oficialmente de organizar su entierro, se le hizo una escultura y se le dedicó una calle. Tal era el aprecio que se sentía por Pérez Lugín que, meses antes de su muerte, había sido nombrado Hijo Adoptivo de Santiago de Compostela y Sevilla.

Por otra parte, dejó un pequeño legado a la Asociación de la Prensa de La Coruña con el propósito de que se creara un premio anual de 1.000 pesetas para el mejor artículo escrito en alabanza de Galicia.

Labor literaria

En términos generales, nos encontramos con un novelista del costumbrismo, que alterna entre los ambientes gallego y andaluz, y con un estilo sencillo y expresivo que demuestra un gran dominio de los lenguajes populares de ambas regiones, con los vulgarismos y localismos que les son propios.

El gran estreno literario de Pérez Lugín lleva por título La Casa de la Troya {1915}. Las ediciones se sucedieron rápidamente en poco tiempo. Algo de su popularidad debe a la acusación de plagio {por sentencia falsa} realizada por José Signo en relación a una obra de Camilo Bargiela. Se trata de una novela costumbrista de ambiente gallego y con ciertos rasgos autobiográficos. El propio Pérez Lugín empleó la denominación Estudiantina —en lugar de novela— para referirse a su escrito. Tan solo un año después fue galardonado con el Premio Fastenrath de la Real Academia Española.

En el mismo marco de la narrativa realista-costumbrista se enmarca su segundo libro —originalmente publicado como folletón—, Currito de la Cruz {1921}. En esta ocasión, el ambiente andaluz y la temática taurina también le valieron un rápido éxito de ventas. En esta obra puede percibirse su gran dominio de la jerga taurina, pues entre sus oficios también estuvo el de cronista taurino en algunas revistas con el seudónimo de «Don Pío».

La producción novelística de Pérez Lugín concluye abruptamente con su muerte, dejando varias novelas inacabadas que, a posteriori, serían concluidas por otras personas y publicadas. En ellas continúa predominando la novelística costumbrista. En Arminda Moscoso, concluida por Alfredo García Ramos en 1928, se torna al ámbito rural gallego y se denuncia la política caciquil y la cobardía del pueblo. Manuel Siurot, bajo el seudónimo de José Andrés Vazquez, fue el encargado de continuar la novela titulada La Virgen del Rocío ya entró en Triana; como insinúa el título —procedente de unos versos de los hermanos Quintero—, se trata de una novela de romería y ambiente andaluz.

Por otra parte, encontramos la presencia de Pérez Lugín en varias cabeceras de la prensa de su época, sobre todo en funciones periodísticas. Un itinerario cronológico comenzaría en su época universitaria, en El Pensamiento Galaico y continuaría años más tarde en Madrid como gacetillero de El Correo, El Globo, España Nueva y Diario Universal. La calidad literaria de su trabajo fue progresando en La Mañana y en El Mundo, donde además de redactor y corresponsal fue el principal revistero taurino. Resulta curioso que su seudónimo inicial era «Don Benigno», pero que hubo de cambiarlo por «Don Pío» en 1910 para evitar ser confundido con Enrique Cerezo Irizaga, que por aquel tiempo escribía en El Heraldo de Madrid. Entre 1907 y 1909 podemos encontrarlo ocasionalmente en la revista Por Esos Mundos. Durante 1911 escribió semanalmente en la revista Arte Taurino. En febrero de 1912 entró desde su primer número como uno de los principales redactores en un nuevo periódico: La Tribuna. En 1916 fue también el cronista taurino de El Liberal y el encargado de la crítica teatral en el Heraldo de Madrid. En 1919 abandonó El Liberal junto a varios compañeros para fundar La Libertad, donde escribió hasta 1921 crónicas taurinas y cuadros de costumbres. En este tiempo también colaboró en el diario Hoy. Al poco de abandonar «La Libertad» recayó en El Debate, donde publicó su más afamado reportaje sobre la guerra de Marruecos. Simultáneamente, encontramos su firma ocasionalmente en La Voz de Galicia.

Producción

  • El torero artista. Rafael Gómez «Gallito». {Apuntes para la historia} : semblanza taurina {1911}
  • De Titta Ruffo a la Fons, pasando por Machaquito. Notas de un repórter : artículos {1912}
  • ¡¡¡Ki ki ri kí!!! Los «gallos», sus rivales y «su» prensa: semblanzas taurinas {1914; por Don Pío}
  • La Casa de la Troya : novela {1915}
  • La Amiga del Rey. Las Tiples. Romanones. La Vicaría… {Notas de un repórter} : artículos {1917}
  • Currito de la Cruz : novela {1921}
  • La Corredoira y la Rúa: crónicas y cuadros gallegos {1922}
  • Alabanzas de «La mejor ciudad». Sevilla es un beso de Dios y La cátedra de Sevilla : discursos {1923}
  • Arminda Moscoso : novela póstuma {1928}
  • La virgen del Rocío ya entró en Triana : novela póstuma {1929}