ephemera

El canguro boxeador

El canguro, como el elefante, el león y el mono, es uno de los animales exóticos que mayor simpatía y/o atracción suscita entre los europeos desde el mismo momento en que los conocieron. Leyendo la novela por entregas La San Felice, de Dumas {-}, publicada en El Heraldo de Madrid del al , nos encontramos con la idea de que, ya en tiempos de Fernando IV, el animal seguía siendo raro, aunque ya no un desconocido. El siguiente extracto del folletín fue publicado el .

Anteayer me anunció la llegada de mis dieciocho canguros y yo le he dado sus dieciocho papiros.

[…]

—¡Irreparable! ¡Con tal que se reproduzcan mis canguros, ya que tan caros me cuestan! ¿Qué os parece, señor Backer?

—Lo dudo mucho, señor.

[…]

Condújolo el Rey a la cerca donde estaban los animales que, según él creía, debían ser desconocidos para el banquero.

—¡Calle! —dijo este—, ¡son canguros!

—¿Los conocéis? —exclamó el Rey.

—¡Oh, señor! —dijo Andrés—, he matado centenares.

[…]

—De modo que Hamilton no me ha engañado diciéndome que el canguro es un animal muy raro.

—Y tan raro, señor. Os ha dicho la verdad.

Estudiosos de la Historia Natural aparte, en España fueron los primitivos zoológicos los que hicieron del canguro un animal visible y reconocible para cada vez más gente. Por La Correspondencia de España del sabemos que el gabinete de historia natural del Instituto de Alicante adquiría por estas fechas una nueva y abundante colección zoológica, muy rara en sus ejemplares, entre los que descollaba, entre una treintena de aves, un magnífico Canguro de la Oceanía. Más o menos por estas mismas fechas llegaba el canguro a la casa de fieras del Retiro, donde, a pesar de ser llamado gerbo entre los madrileños, se sintió lo suficientemente a gusto como para devenir manada. Por desgracia, la decadencia de este centro zoológico a principios del siglo XX los llevó, paulatinamente, a la muerte.

Y si bien es cierto que en la década siguiente ya se ponía de relieve el despiece del canguro, en cuyo comercio resultaba de principal relevancia su piel, de la que, como leemos en La Época del , se obtiene un cuero muy suave, de excelentes condiciones para la elaboración de calzado, guantes, látigos y otros objetos, exportándose en gran cantidad para Europa, siempre prevaleció la consideración del canguro como animal de gran aprecio, como apunta Luis Álvarez Alvistur el en La Ilustración española y americana cuando lo incluye en su artículo Animales y vegetales que deben figurar en los jardines de aclimatación.

Ahora bien, la última década del siglo fue el momento de mayor popularización del canguro en España. El proceso no tuvo tanto que ver con los jardines de aclimatación como con las barracas de feria y, poco después, las carpas de circo. Así, el leemos en La Iberia lo siguiente:

En los carteles de una colección zoológica, instalada en una feria de provincias, se leía:

“El domador Barbarini entrará, a pesar de sus heridas, en la jaula de los leones. El señor Barbarini es el único domador que ha sido devorado quince veces”.

Y un poco más abajo:

“Kanguro.— El kanguro, según Buffon, es el más mamífero de los animales”.

Uno se puede imaginar fácilmente que la recepción ibérica del marsupial en aquellas fechas debió de rebosar entusiasmo. Y no nos extrañaría que nos dijesen que fue el tema principal de conversación de grandes y pequeños durante varios días en aquellas pequeñas ciudades de la periferia donde se le pudo ver. Y también es fácil imaginar que, como siempre ocurre, una vez perdida la novedad, nuestra curiosidad insaciable aparta la mirada hacia otras espectacularidades. Y así se nos llega a representar el feriante, que un mal día se encuentra con el simplismo popular de que una vez visto un canguro, vistos todos; y que, por consiguiente, su boom empresarial ya no es más que un trabajo decadente. Ahora bien, el emprendedor no es raza nueva entre los de nuestra especie, por lo que no nos debe extrañar que el espectáculo se completase, en apenas unos años, con la fórmula del canguro boxeador que aquí nos reúne hoy.

Las primeras noticias de su existencia nos llegan desde Londres, aunque a la capital inglesa, necesariamente llegaron desde la colonia australiana. Así que damos un salto hacia los antípodas en busca del nacimiento del fenómeno, que nos es preciso conocer de muy buena mano gracias a Jacqueline Martin que, en su artículo A Doll's House in the Antipodes {publicado en el libro Global Ibsen: Performing Multiple Modernities} sintetiza la historia del pleito existente en Melbourne entre Olivia Mayne y los empresarios teatrales James y Charles MacMahon. Resulta que la señora Mayne, a finales de la década de , vivía en la pequeña localidad rural de Jamieson y, en su tiempo libre, se dedicaba a tejer paños y tapetes que luego vendía a sus amigos. Con el dinero recaudado decidió invertir una libra en la compra de un joven canguro. Su idea era hacer de él un disciplinado boxeador para luego hacer más dinero con su exhibición bajo el nombre de Fighting Jack. El éxito alcanzado resultó demasiado abrumador para la ama de casa, que en firmó un contrato con los MacMahon por el cual ella recibiría 25 libras semanales en contraprestación de los servicios del canguro Jack. De este modo, acabaron los cuatro embarcados en una gira estival por la costa este de la isla. Ahora bien, pronto se evidenció que la carrera del canguro boxeador era brillante, pero igualmente fugaz. Parece ser que al canguro le gustaba pelear y que le aplaudiesen, pero que no tanto. En este contexto, los socios de Olivia Mayne comenzaron a abogar por la pacificación del espectáculo y esto era un motivo de disputa como cualquier otro. El conflicto continuó en los tribunales, a pesar de la repentina muerte del canguro, por motivos económicos. El cierre de la historia es la declaración de los MacMahon como culpables de deber a la señora Mayne 139 libras, en cumplimiento del contrato con ella firmado. Así que aquí los dejamos y, con un nuevo salto, llegamos al Westminster Aquarium de Londres, donde el profesor Landermann hace las delicias europeas con un nuevo canguro boxeador.

La Ilustración artística {19-12-1892} El kanguro pugilista que actualmente se exhibe en el Westminster Aquarium de Londres

La breve noticia El kanguro pugilista, que a continuación recogemos íntegramente, fue publicada tanto en La Ilustración artística del como en El Día del :

Actualmente se exhibe en el Westminster Aquarium, de Londres, un kanguro adiestrado por el profesor Landermann, que boxea como el más consumado pugilista, aunque alguna vez mete la pata, como vulgarmente se dice. Es oriundo de Australia, tiene mucha fuerza, y lejos de disgustarle la exhibición muéstrase muy contento en cuanto ve que le ponen los guantes y otros adornos, que indican que va a comenzar el espectáculo: cuando se le excita se incomoda y suelta alguna manotada, pero por lo demás es un pugilista cumplido, y su profesor espera que con el tiempo perderá los pocos resabios que todavía le quedan de su vida salvaje.

No hubo que esperar demasiado para verlo en España, pues, habiendo pasado ya por Francia, el , a las nueve de la noche y previo pago de 50 céntimos por una entrada general, podía uno asistir en Madrid a la primera función del canguro boxeador en el Circo de Colón. Muchos fueron los diarios que se hicieron eco del evento. Nos sirven como testimonio las palabras que le dedicó La Correspondencia de España al de su estreno:

Anoche debutó en el Circo de Colón el capitán Williams, con su célebre kanguro boxeador, alcanzando un éxito extraordinario.

Es cosa curiosa ver cómo el zancudo animal, apoyado sobre la cola, daba de puñetazos y patadas a su contendiente, con la misma destreza que el más ducho boxeador.

Es un espectáculo que llevará mucha gente al circo mencionado.

De hecho, así lo hizo hasta el día . Apenas pasadas unas semanas, el canguro boxeador, presentado por el capitán Williams, era la gran novedad del Circo Ecuestre de Barcelona, donde se le podía ver, junto a otros espectáculos, por 75 céntimos, del al . Es curioso apreciar cómo en el diario La Dinastía, que refirió el espectáculo en sus páginas día sí, día también, se ve reflejado el paulatino desinterés que toda función circense entraña. Así, el día leemos en la sección Ecos Teatrales:

En el Circo Ecuestre se presentará mañana el Canguro boxeador; dada la novedad del espectáculo auguramos gran concurrencia.

El día , día del estreno, en la misma sección, se ofrecen argumentos de autoridad acerca del mérito del canguro:

CIRCO ECUESTRE.— La opinión de la prensa de París acerca del mérito y la originalidad del “Kanguro boxeador” que esta noche debutará en este local, no puede ser más halagadora. Así se desprende de la lectura de Le Figaro, Le Gaulois, L'Univers Illustré, L'Echo de Paris, La Nature, Gil Blas, Le Temps, Le Monde Illustré y otros diarios.

El Kanguro es presentado dentro de una gran jaula dorada por su domador Mr. Williams, con el cual sostiene una reñida lucha al boxeo hasta vencerlo y derribarlo en tierra.

El espectáculo ofrece gran novedad.

Y el , día en que es posible ya la crónica, el argumento de la propia experiencia:

CIRCO ECUESTRE.— Es un espectáculo digno de verse y aplaudirse por la novedad que reviste y los muchos alicientes de que consta. Trátase de una lucha al boxeo, no entre dos contrincantes ingleses o norteamericanos, sino entre un kanguro —pero un kanguro de gran altura que deja chiquitos a los hombres de más talla— y su dueño, de nacionalidad americana para más señas.

La contienda dura algunos minutos y en ella dan pruebas de habilidad y de no poca fuerza el aludido kanguro y el boxeador.

Este espectáculo ha conseguido entusiasmar a los concurrentes de los principales circos de Europa. En Barcelona proporcionará pingües beneficios al empresario señor Alegría.

El día ya sólo se habla de él en los breves anuncios de la sección Espectáculos y, aunque aún es la gran novedad del día, ya se informa de que próximamente debutarán la renombrada artista Mlle. Eugenie Petrescu y la auplaudidísima trope mímica Onofri. Esta nota va variando cada día, primando cada vez más lo nuevo sobre lo viejo. Poco a poco comienzan a acompañarle los nombres de Ostaras, Rousby, Wahington, Mayo's, Miss Gerome, baronesa, Godfrey y todos los clowns. De hecho, el ya le ha quitado el ser cabeza de cartel Ostaras. Si a ello se suma que el día hizo su debut la Petrescu, denominada la estrella del siglo XIX, no es de extrañar que el día se refiera que es el día de la última función en que toma parte el canguro boxeador.

Por supuesto, también se hizo eco del evento en otros diarios barceloneses como La Vanguardia, que lo presentaban el día 27 en sus Noticias de Teatros del siguiente modo:

CIRCO ECUESTRE.— Hoy debutará un nuevo artista de la raza gigante de los conejos. Es un “Kanguro boxeador”, que será presentado en una jaula grande y dorada, y el cual, cubiertas sus patas delanteras con sus correspondientes guantes de boxeo, sostiene una verdadera lucha con su maestro y domador.

Su crítica del espectáculo, sin embargo, no resulta tan entusiasta como la que leíamos en La Dinastía, como se lee en su edición del 29 de junio:

El señor Alegría no ceja en su propósito de presentar continuamente en su Circo tras una novedad otra novedad, y el público barcelonés paga sus buenos deseos acudiendo numeroso a llenar casi todas las noches las gradas del coliseo. En la función de ayer debutó el Kanguro boxeador, el cual entretuvo un rato al público con su artístico boxeo, del que no siempre salía vencedor el capitán Williams, su contrincante, el cual rodó algunas veces por el suelo; es un espectáculo, sino muy entretenido, que contribuye a dar variedad a las funciones del Circo.

No volvemos a tener noticias de él hasta el , cuando La Época publica De aquí y de allá: Muerte de un “kanguro” conocido.

El “kanguro boxeador”, aquel simpático marsupial que, aún no hace mucho tiempo, lució sus habilidades en el Circo de Parish, ha muerto de un modo trágico.

Hallándose en la rada de Colombo el buque en que era conducido a la India, con objeto de ser exhibido, harto sin duda el kanguro de su vida errante y esclavizada, o acaso influido por el aire austral, burló la vigilancia de sus guardianes, y se arrojó al agua, nadando desesperadamente, con dirección a tierra. Sus fuerzas le abandonaron, sin embargo, antes de conseguir su propósito, y después de una lucha heroica contra las olas, desapareció bajo la superficie de las aguas.

¡El noble arte de los trompis ha perdido uno de sus más distinguidos profesores!

Leyendo el Alrededor del mundo del podemos añadir ahora que la muerte del canguro boxeador trajo cola. Así se constata en El precio de la vida: seguros fabulosos de hombres y animales.

El canguro boxeador, conocido en toda Europa, estaba asegurado en 70.000 pesetas. Al lado de esta suma resultan una miseria las 525.000 pesetas en que el famoso domador Seeth ha asegurado sus veintiocho leones.

Recién comenzado el siglo XX la presencia del canguro en la prensa, gracias en parte al apogeo de las publicaciones especializadas, se desmarca del espectáculo hacia la divulgación y la formación educativa. Ya en el año podemos leer sobre el canguro en publicaciones como Mar y tierra y desde es mencionado recurrentemente en distintos artículos de Alrededor del mundo, tales como Animales que se adornan {}, Para qué les sirven las colas a los animales {

Ahora bien, sin salir del marco temporal de Ganso y Pulpo, todavía nos faltarían por conocer algunos otros canguros boxeadores. Así, el , el Circo Ecuestre de Barcelona inauguraba la temporada incluyendo en su cartel a “Los famosos kanguros boxeadores” o el podía uno ver en el Circo de Price al canguro boxeador Aussie, que, según ABC, representaba un número de extraordinaria fuerza cómica.

Crónica {24-11-1929} Aussie, en guardia para el combate, toma una expresión agresiva de bestia de pesadilla; de monstruo percibido en la quimera de un mal sueño…

De él dio fe nada más y nada menos que César González-Ruano en el número que publicaba Crónica el

Un canguro boxeador, a primera vista, es algo no sólo admirable, sino extraordinario. Bien pensado, no es sino, simplemente, el tema de nuestro tiempo. Su maestro habría hecho de él, hace quince años, cuando la sensibilidad y el gusto público eran diferentes, un canguro artista y sentimental, acaso violinista. El deporte es la fórmula de todo un modo de pensar y de sentir, y por la razón estética o atlética se define un siglo o una centuria casi mejor que por sus escritores y sociólogos.

Hay que tomar la aparición de un canguro boxeador como una realidad efectiva y no como una burda sátira animal de lo humano, pedantería a la que tendemos todos, en la obsesión de que los animales se preocupan por imitarnos. Aunque lo parezca por la humanización que de él se hace en una pista, el canguro no tiene por qué imitar al hombre en el boxeo porque este deporte sea humano y viril. Sus gestos obedecen, sin duda, a un fondo sincero, latente y animal de espíritu de agresividad y defensa.

Tiene su personalidad, su gracia y su riesgo autóctonos. También su crítica, para la que sería torpe invocar a Buffon.

La responsabilidad artística o deportiva de un canguro es tal, que no deba de conmover en estúpida benignidad a su crítico o su biógrafo.

Quede sentado esto inicial y convenientemente.

Su lectura deja entrever que el enfoque de algunos medios de comunicación, después de tres décadas, empezaba a variar un tanto. Por supuesto, de ello no se deriva la desaparición de los canguros boxeadores. El propio Aussie, aplaudido por toda Europa, estuvo en el Olympia - Circo Ecuestre de Barcelona en el inicio de la temporada de 1934. Y, tras él, otros vinieron en 1966 o 1981. Y, todo sea dicho, el espectáculo perdura todavía en nuestro mundo, como rápidamente puede demostrar internet, donde se encuentran también peticiones populares en pos de su ilegalización, solicitando que se deje al canguro ser, sencillamente, sin epítetos, canguro.