Ganso y Pulpo

Catálogo

  • Imagen de cubierta El moscardón

    Cuento donde un matrimonio de supersticiosos tiene un golpe de fortuna cuando esperaban lo contrario.

    Este relato comienza con una defensa férrea de los moscardones. Tenidos por muchos como heraldos de fatalidad y nuncios de próximas desgracias, el narrador se propone romper una lanza en su favor, demostrando no solo que nada de cierto hay en tales supersticiones, sino que incluso existen experiencias en que dichos moscardones han traído con su presencia la fortuna de algunas personas. Tal es el caso de Inés, una joven muchacha llena de supersticiones absurdas, y su marido Francisco, un joven artista que se acaba contagiando de los temores irracionales de su esposa. En el centro de sus temores se encuentran los moscardones, hasta el punto de llegar a afirmar que prefería encontrarse con un lobo que con uno de ellos. El momento crítico se da el día que queda encerrado el matrimonio con un moscardón en casa…

  • Imagen de cubierta La calva de mi portero

    Cuento donde la casualidad hace que aquello que más se odia sea clave para encontrar la fortuna.

    El protagonista de este cuento no puede evitar sentir más alegría que aflicción cuando le llega la noticia del fallecimiento de su tío Florentino en un pueblo cercano a Calatayud. Si bien es gracias a la renta que este le pasaba que podía vivir en la capital sin dar un palo al agua y, prácticamente, coleccionando acreedores mientras va pasando los días de café en café, parece mucho más suculenta la noticia de ser el heredero universal de quien se supone que atesoraba una buena fortuna. Entre gran regocijo del usurero, sus camareros y otros a quien debía dinero, marcha en busca de su herencia, mas torna a Madrid con nada más que una vieja cómoda. Sumido en la miseria, el odio que siente hacia la calva de su portero motiva que todo cambie de un momento a otro.

  • Imagen de cubierta El tío Roñas

    Cuento donde un usurero paga cara la codicia de su traición a la patria.

    Nadie da cabida a que el bueno de Jenaro sea hijo de alguien tan inmundo y despreciable como el hombre a quien todos conocen como el tío Roñas. Es este un usurero sin escrúpulos al que no solo resulta difícil perdonarle los resultados de su negocio, sino el indigno tráfico a que se dedicaba desde que había estallado la guerra con los franceses. Y es que, viviendo en un pueblo que tan pronto caía de una parte como de la otra, el tío Roñas se arrastraba siempre a los pies del vencedor, sin dejar de mantener por eso relaciones con el vencido. De esta manera había encontrado medio de hacerse pagar un espionaje que ponía indistintamente al servicio de la causa nacional o de las armas del rey intruso. Ahora bien, su traición y su codicia habrá de pagarlas al más alto precio.

  • Imagen de cubierta El reloj

    Cuento fantástico donde un cuadro pintado en trance resuelve un crimen.

    El judío Abraham desapareció de la ciudad de Baden en una tarde del mes de diciembre de un año incierto. Este, habiendo hecho fortuna gracias a sus altos intereses de usurero, abandonó de buenas a primeras la ciudad, con previsión de volver al día siguiente, dejando en casa a su nieta Berta y su criado Angus. Ambos quedan sumamente sorprendidos cuando, en la madrugada, todo el pueblo se encuentra llamando a su puerta. Ha aparecido el caballo de Abraham, con manchas de sangre y sin heridas, y no hay ningún rastro del jinete. Así se inicia un proceso judicial, comandado por el burgomaestre, que difícilmente consigue esclarecer el asunto. Será tiempo después, cuando a partir de un reloj heredado, quede reflejado en un lienzo la verdad del caso.

  • Imagen de cubierta Elías Recio

    Cuento que narra la vida de Elías López Recio, niño mimado con ímpetus románticos que acaba sus días como poeta y usurero.

    Aquí se narra la historia de Elías López Recio, un hombre que se hace llamar por el segundo apellido, convencido de ser merecedor de las más altas glorias literarias y seguro de su genialidad en base al parecido físico que encuentra entre sus facciones y las de grandes figuras literarias como Miguel de Cervantes. Hijo único de una bien acomodada familia de Castilla la Vieja, nunca ha tenido necesidad de trabajar para procurarse el cotidiano alimento. Su carrera literaria, imbuida en lo más casposo de los ímpetus románticos, se inició a los veinticinco años con la redacción y lectura de una oda a su mamá en el día de su santo. Poco después, el día que sus padres buscaron resolver su futuro con un matrimonio de conveniencia, él se enamoró del papel de víctima y dijo querer casarse con una zapatera. Cuando su escandaloso intento de suicidio hizo ceder a sus padres, él se casó con quien ellos querían… Desde entonces, se desdobla en dos figuras: Elías Recio, poeta plagiario; y Elías López, usurero sin contemplaciones.

  • Imagen de cubierta El hombre del levitón

    Cuento donde un hombre acuciado por un acreedor deposita todas sus esperanzas en la venta de un remedio capilar.

    Don Eulogio Fernández y Rodríguez quiso en su día hacer unas reformas en una finca de su propiedad. Para ello, se vio precisado de pedir dinero a varios prestamistas de la zona. Con el fin de no perder su propiedad hipotecada, viajó hasta Madrid con la ilusión de conseguir el dinero mediante la venta de un remedio familiar contra la caída del cabello. Sin embargo, el tiempo pasa y el privilegio de invención que debe firmar el ministro de Fomento no llega nunca. Mientras tanto, le llega una carta de don Cosme Barrigón, un usurero que ha comprado todas sus deudas con el firme propósito de hacerse con su finca. Acuciado por el plazo y no conocer los rasgos físicos de su nuevo y único acreedor, don Eulogio pasa los días atenazado por la incertidumbre. Un día aparece un hombre con un levitón buscándole. Ha llegado el momento de enfrentarse al usurero.

  • Imagen de cubierta La deuda flotante

    Sátira social donde el endeudamiento no hace distingos entre clases sociales.

    El Duque de Montes de Oro recibe de nuevo el lunes, y eso que lleva tres bailes seguidos dignos de un rey. Sin embargo, dicen que tras todo su boato no hay nada más que humo, que sus propiedades están hipotecadas y se las van llevando poco a poco los ingleses. Martínez Pedrosa comienza así, desde una conversación murumuradora en el parque del Retiro, un recorrido que comienza en el Duque y concluye en los fiadores de un tendero de un barrio bajo de la capital. El nexo en común de unos y otros es el endeudamiento. El uno fía al otro para dejar a deber a un tercero, y así sucesivamente en un ad infinitum que bien podría considerarse ridículo a pesar de lo verosímil. En un mundo en el que nadie suelta una peseta sin que le vaya a producir al menos tres, van desfilando por el relato, entre otros, una mujer de mundo, una modista, un capitán, una lavandera, un tendero, unos cosecheros… Y la deuda flota como una nube negra.

  • Imagen de cubierta Ardides de un usurero

    Cuento donde un usurero pretende la mano de una joven tras enterarse por la prensa de la herencia inesperada que debe recibir.

    Doña Circuncisión Mendaña regenta una casa de huéspedes venida a menos en la calle de Santa Isabel. Hace ya tiempo que nadie se queda bajo su pupilaje, pues su fama es terrible y para nada envidiable. Vive con su hija Andrea, una muchacha de 20 años, dulce y simpática según la opinión de Federico, un joven que estuvo alojado en la casa, que dejó a deber ocho mesadas y que lleva ya cursando la carrera de leyes unos catorce o dieciséis años. Obviamente, la patrona no concede la mano de su hija a un hombre que, además de no tener una peseta, necesita tanto tiempo para terminar su carrera. Así es que se le adelanta don Timoteo Lobo, un usurero conocido tanto por el joven como por la patrona. Este actúa movido por la noticia de una herencia inesperada que va a recibir la señora tras la muerte de su hermano en Brasil. El usurero intentará por todos los medios que ella no se entere hasta después de la boda, pero en Madrid las noticias vuelan de boca en boca.

  • Imagen de cubierta La segunda hipoteca

    Cuento donde un usurero sueña con tener una segunda hipoteca en el cielo cristiano.

    Don Orosio Redondo, usurero de oficio, aun no siendo aficionado a soñar, pues ninguna ganancia soñada se materializa en forma de plata o de oro en sus arcas, tiene un vívido sueño que comienza con la huida de uno de sus deudores, al que debe ir a buscar a la iglesia. En el templo, don Orosio se verá perturbado por unas palabras del sermón del sacerdote desde el púlpito: la promesa de que Dios da ciento por uno. Con esta premisa, piensa al instante, ¡quién pudiera prestarle a Dios! Resuelto, sale dispuesto a dar dinero a las viejas que piden limosna en la puerta de la iglesia, pero entonces le asalta la duda del plazo. Porque ¿cuánto tiempo tardaría Dios en cumplirle la promesa del predicador? Una vez que el cura le ha asegurado que para Dios la eternidad es un instante, decide que lo más prudente es que le garanticen ese ciento por uno con una buena hipoteca en el cielo. Tras firmar la escritura, el sueño de don Orosio comienza a convertirse en pesadilla.

  • Imagen de cubierta Sueño interrumpido

    Cuento donde un médico, un cura y un usurero se encuentran con un matrimonio que ha despertado de un sueño de cien años.

    Nunca se han abierto las ventanas del número 37 de la calle de la Paloma, una casa apoyada con un puntal en el siglo XVIII y pegada a una fábrica de obleas que se vale de todos los adelantos del siglo XIX. Sin embargo, un buen día de 1881 sus ventanas se abren y, poco después, se ve en la calle a un hombre que suscita por su aspecto anticuado la hilaridad de las gentes que habitan la calle en día de mercado. En su tienda de antigüedades despierta a su esposa, María del Pópolo. La gente se agolpa a la puerta de la tienda, sospechando que se trata de unos farsantes o unos titiriteros. Un joven doctor, un cura y un usurero serán los vecinos encargados de entrar a hablar con ellos, descubriendo que se trata de un matrimonio que acaba de interrumpir un sueño de cien años.