Ganso y Pulpo

El Globo

El Globo fue un diario matutino que comenzó su andadura el 21 de marzo de 1875 como órgano del republicanismo posibilista de Castelar. Su presencia en la vida española se extendió hasta el 31 de mayo de 1932.

Con sus oficinas en la calle Caños de Madrid, apareció con el subtítulo de diario ilustrado y, de hecho, es considerado como el primer diario patrio en incluir el grabado en sus páginas de forma sistemática: en la primera de sus cuatro páginas siempre puede encontrarse el grabado de un monumento o celebridad presente o histórica. Su lema inicial fue instrucción, moralidad, recreo. Y a ello se dedicó, pues entre 1875 y 1877, bajo la dirección de Pedro Avial, entre sus contenidos nunca figuró el tema político. Sus secciones consistían en artículos de los primeros escritores (españoles y extranjeros), noticias del extranjero, noticias del interior, folletín, variedades, movimiento científico, literario e industrial, cultos, teatros y bolsa. A pesar de ello, el 1 de julio de 1876 renovó su redacción comunicando su intención continuista en el marco de una endeble libertad de prensa. De poco sirvió, pues el 31 de julio, apenas un mes después, fue suprimida su publicación. Antonio Sánchez Pérez, Fernández Bremón, Eugenio Sellés, José Nakens, Campoamor y M. de la Revilla son algunas de las firmas que se encuentran en este primer año de existencia.

El anuncio de su retorno en una denominada segunda época se produjo el 1 de febrero de 1877, con la publicación de un número extraordinario presidido por el retrato y semblanza de Emilio Castelar. Debido a problemas económicos relacionados con la supresión de La Tribuna el 10 de octubre de 1876, la empresa no pudo comenzar su segunda época hasta el día 11 de febrero.

Ordinariamente nuestro periódico contendrá dos artículos, científico el uno y literario el otro, una revista, o bibliográfica, o teatral, o musical, o de salones, o humorística, o de modas; noticias del extranjero y noticias del interior; variedades, o sean anécdotas, máximas, sentencias, noticias científicas, etc., etc., y una sección de noticias de espectáculos, la más completa que seguramente, se ha de publicar. Cuando las Cortes reanuden sus tareas daremos, como los demás diarios, un extracto de las sesiones.

En 1877 la dirección pasa a manos del hasta entonces redactor Joaquín Martín de Olías. Con él llega una nueva plantilla de periodistas entre los que se encuentra Francisco Navarro Ledesma.

El 1 de marzo de 1878 rediseña su cabecera, suprime su lema y cambia su subtítulo a diario ilutrado, político, científico y literario. Incluye desde entonces el emblema de la pluma y el lápiz cruzados, para destacar con él que se trata del primer diario en publicar grabados, siendo hasta entonces el emblema reservado para publicaciones quincenales y semanales.

El éxito de la publicación fue en aumento, llegando a poner en circulación unos 25.000 ejemplares diarios en 1880 y convirtiéndose sin duda en el periódico republicano y anticlerical de mayor difusión en España. Desde luego, el negocio no iba mal si las oficinas eran nuevas e iluminadas con gas:

También se halla iluminada con gas la nueva redacción de El Globo, calle de San Agustín 2, y Prado, 30.

Crónica de Cataluña, 28/5/1881.

En agosto de 1885 se hizo con la propiedad del diario Eleuterio Maisonnave, que falleció en 1890. La dirección recayó en Pedro J. Moreno Rodríguez y Manuel Troyano fue nombrado redactor jefe. El resto de la redacción estaba formada por Alfredo Vicenti, Antonio del Val, Antonio Aura Boronat, Federico Vicent, Joaquín Mazas, Manuel Matoses (Andrés Corzuelo), Manuel Ramos, Manuel Antón y Ferrandiz, José Almendra Morales, Salvador Rueda, Carlos Sampedro y Manuel Gutiérrez Jiménez.

Durante esta época el diario aumenta significativamente su contenido literario. Siendo habituales las piezas firmadas por Joaquín Mazas, Salvador Rueda y Andrés Corzuelo (redactores); pero también por autores como Pérez Nieva, Mariano J. Sebiñez, Clarín, Pardo Bazán, Felipe Trigo, Hernández y Bermúdez, etc.

Tras la muerte de Maisonnave en 1890, tomó el testigo Alfredo Vicenti, redactor-jefe en aquella fecha. Las puertas de la redacción del diario había sido escenario desde hacía años de distintas manifestaciones, muchas favorables. Sin embargo, en marzo de 1895, tras el naufragio del crucero Reina Regente, sufrió el asalto de un numeroso grupo de militares y afines que exigían el restablecimiento de la jurisdicción militar para los delitos de opinión. En agosto de 1895, Vicenti decide irse a Portugal para restablecer su salud y lo sustituye el que entonces fuera redactor jefe: Arturo Perera.

En 1896 compró el diario Álvaro de Figueroa y Torres, quien llegaría a ser después conde de Romanones, figura principal del Partido Liberal de Sagasta. El puesto de director lo ocupó José Francos Rodríguez y a la redacción se incorporaron autores como Pío Baroja y Azorín. Fue entonces cuando se creó un suplemento semanal que agrupaba los contenidos literarios hasta entonces desperdigados por las páginas del diario. Su nombre fue «Plana del Lunes» y se publicó desde marzo de 1897 a diciembre de 1898. En esta época el diario había perdido ya la posición privilegiada que ocupó durante la década de los ochenta, por lo que las firmas del suplemento corresponden a autores jóvenes o desconocidos. De entre las 150 firmas diferentes, destacan las de Jacinto Benavente, Manuel Bueno, Ángel Ganivet, Navarro y Ledesma, Serrano de la Pedrosa y Silverio de Ochoa. En total se contabilizan 114 cuentos en este suplemento.

En 1902 el diario volvió a cambiar de manos, siendo su nuevo propietario el diputado Emilio Ríus y Peniquet, que coloca a Manuel Delgado Barreto al frente de la jefatura informativa a Baroja al frente de la literaria. En esta época fueron redactores Pedro de Répide, José López Pinillos, Ricardo Baroja, Azorín, Dionisio Pérez, Valle-Inclán, Luis de Oteyza, Enrique Jardiel, Manuel Bueno, etc.

El declive del diario es constante cuando cae en manos de Ivo Bosch, que se alinea ideológicamente con Segismundo Moret. En 1923, el diario, que ya había mermado drásticamente su tirada y eliminado las ilustraciones, deja su categoría de diario para aparecer entre dos y cuatro días a la semana.

Su penúltimo propietario fue Magdaleno de Castro. Fallecido en 1927, heredó la empresa su hijo, Álvaro de Castro. El Globo, convertido en semanario, acabó su andadura tras la publicación de su número 16.632.

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