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Ganso y Pulpo

Rafael Salillas

Rafael Salillas y Panzano nació en Angüés (Huesca) en 1855. Tras cursar estudios de Medicina, que concluyó en 1873, se dedicó a la Antropología. Ello, junto con sus lecturas y aficiones literarias (fue un gran estudioso de la picaresca española), le llevaron a ser con el tiempo el más importante criminólogo español de su época. De hecho, representó a España en varios congresos penintenciarios internacionales.

Su currículum da fe de su incansable labor en el ámbito penitenciario: vocal del Instituto de Reformas Sociales y del Instituto de Previsión, consejero del Instituto Penitenciario y del de Protección a la Infancia, vocal del Patronato contra la Trata de Blancas y del de Anormales. A ello se suman sus cargos como director de la Escuela de Criminología y director de la Cárcel Modelo de Madrid en 1909.

El último cargo mencionado le permitió llevar a la práctica parte de su ideario reformista, que incluía diversas concesiones que otorgaban al recluido toda suerte de mejoras compatibles con el cumplimiento de la condena. Así, siguiendo las doctrinas de Lombroso, Concepción Arenal y el coronel Montesinos, introdujo reformas como la concesión de acceso a libros, periódicos, pluma y cuartillas; visitas en locutorio; aumento de las horas de paseo; dejó entornadas las puertas de las celdas en épocas de calor; aumento del trabajo entre los presos; mejoras en la alimentación; incorporación de camas a las celdas de castigo; promoción de ropa de cama y celdas limpias; abolición de la persistente pena corporal, etc. Asimismo, daba conferencias semanales a los presos e instauró visitas dominicales para los presos que tuvieran hijos. Acción muy criticada y de la que algunos reclusos abusaron. Ello da cuenta de cómo se fraguó a dos bandas el fracaso de sus buenas intenciones. Por un lado, en el ámbito político, sufrió motines, burlas, escarnios e injurias. Incluso fue víctima de un atentado. Por otra parte, muchos reclusos se aprovechaban de la nueva situación. Nada de ello hizo que perdiera su fe en el ideal y la confianza en los hombres. Finalmente, la asistencia de Salillas a un almuerzo en que se festejaba la libertad de Antonio Catena fue el pretexto definitivo para desposeerle de la dirección de la cárcel.

Tras esta experiencia se acercó al ámbito político. Hombre de profundas convicciones republicanas, entró a formar parte del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux con la mediación de Giner de los Ríos. Fue diputado en varias ocasiones, logrando en sus primeras elecciones unos nada habituales 43.000 votos para su elección. Militó en las filas del partido con un ligero eclipse durante la Primera Guerra Mundial, al considerarse germanófilo acérrimo.

A lo largo de su carrera escribió numerosas obras de gran importancia en su ámbito, así como numerosos artículos diseminados por las principales cabeceras del país (en 1878 ya publicaba en Progreso médico) y varias conferencias que después pasaron por imprenta. Destacamos aquí solo algunas, como La vida penal en España (1888), Doña Concepción Arenal en la ciencia jurídica, sociológica y en la literatura (1894), El delincuente español: el lenguaje (estudio filológico, psicológico y sociológico)... (1896), Hampa: antropología picaresca (1898), La teoría básica (bio-sociología) (1901), La fascinación en España (brujas, brujerías, amuletos) (1905), El anarquismo en España (1907), Poesía matonesca (1907), El tatuaje en su evolución histórica (1908) o Evolución penitenciaria en España (1919).

En el ámbito literario, que es el que aquí lo trae, dice Giner de los Ríos que escribió en sus inicios un drama que no recuerda si estrenó Rafael Calvo. Lo que sí sabemos es que publicó Quiero ser santo en la colección de El cuento semanal (1907) y la biografía novelada Morral, el anarquista (1914). En la prensa encontrarmos, entre sus numerosos artículos antropológicos y criminalistas, algunos pocos cuentos (principalmente en El Liberal).

Sus panegiristas necrológicos coinciden en presentarlo como hombre de gran bondad, honradez y piedad, ejemplo de rectitud y austeridad.

Murió a las 8 de la mañana del 22 de mayo de 1923 en el Sanatorio del Rosario, donde había ingresado para ser operado de una dolencia estomacal. Sus restos se enterraron en el cementerio de la Almudena.

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