Ganso y Pulpo

Catálogo

  • Imagen de cubierta El hombre del levitón

    Cuento donde un hombre acuciado por un acreedor deposita todas sus esperanzas en la venta de un remedio capilar.

    Don Eulogio Fernández y Rodríguez quiso en su día hacer unas reformas en una finca de su propiedad. Para ello, se vio precisado de pedir dinero a varios prestamistas de la zona. Con el fin de no perder su propiedad hipotecada, viajó hasta Madrid con la ilusión de conseguir el dinero mediante la venta de un remedio familiar contra la caída del cabello. Sin embargo, el tiempo pasa y el privilegio de invención que debe firmar el ministro de Fomento no llega nunca. Mientras tanto, le llega una carta de don Cosme Barrigón, un usurero que ha comprado todas sus deudas con el firme propósito de hacerse con su finca. Acuciado por el plazo y no conocer los rasgos físicos de su nuevo y único acreedor, don Eulogio pasa los días atenazado por la incertidumbre. Un día aparece un hombre con un levitón buscándole. Ha llegado el momento de enfrentarse al usurero.

  • Imagen de cubierta La deuda flotante

    Sátira social donde el endeudamiento no hace distingos entre clases sociales.

    El Duque de Montes de Oro recibe de nuevo el lunes, y eso que lleva tres bailes seguidos dignos de un rey. Sin embargo, dicen que tras todo su boato no hay nada más que humo, que sus propiedades están hipotecadas y se las van llevando poco a poco los ingleses. Martínez Pedrosa comienza así, desde una conversación murumuradora en el parque del Retiro, un recorrido que comienza en el Duque y concluye en los fiadores de un tendero de un barrio bajo de la capital. El nexo en común de unos y otros es el endeudamiento. El uno fía al otro para dejar a deber a un tercero, y así sucesivamente en un ad infinitum que bien podría considerarse ridículo a pesar de lo verosímil. En un mundo en el que nadie suelta una peseta sin que le vaya a producir al menos tres, van desfilando por el relato, entre otros, una mujer de mundo, una modista, un capitán, una lavandera, un tendero, unos cosecheros… Y la deuda flota como una nube negra.

  • Imagen de cubierta Ardides de un usurero

    Cuento donde un usurero pretende la mano de una joven tras enterarse por la prensa de la herencia inesperada que debe recibir.

    Doña Circuncisión Mendaña regenta una casa de huéspedes venida a menos en la calle de Santa Isabel. Hace ya tiempo que nadie se queda bajo su pupilaje, pues su fama es terrible y para nada envidiable. Vive con su hija Andrea, una muchacha de 20 años, dulce y simpática según la opinión de Federico, un joven que estuvo alojado en la casa, que dejó a deber ocho mesadas y que lleva ya cursando la carrera de leyes unos catorce o dieciséis años. Obviamente, la patrona no concede la mano de su hija a un hombre que, además de no tener una peseta, necesita tanto tiempo para terminar su carrera. Así es que se le adelanta don Timoteo Lobo, un usurero conocido tanto por el joven como por la patrona. Este actúa movido por la noticia de una herencia inesperada que va a recibir la señora tras la muerte de su hermano en Brasil. El usurero intentará por todos los medios que ella no se entere hasta después de la boda, pero en Madrid las noticias vuelan de boca en boca.

  • Imagen de cubierta La segunda hipoteca

    Cuento donde un usurero sueña con tener una segunda hipoteca en el cielo cristiano.

    Don Orosio Redondo, usurero de oficio, aun no siendo aficionado a soñar, pues ninguna ganancia soñada se materializa en forma de plata o de oro en sus arcas, tiene un vívido sueño que comienza con la huida de uno de sus deudores, al que debe ir a buscar a la iglesia. En el templo, don Orosio se verá perturbado por unas palabras del sermón del sacerdote desde el púlpito: la promesa de que Dios da ciento por uno. Con esta premisa, piensa al instante, ¡quién pudiera prestarle a Dios! Resuelto, sale dispuesto a dar dinero a las viejas que piden limosna en la puerta de la iglesia, pero entonces le asalta la duda del plazo. Porque ¿cuánto tiempo tardaría Dios en cumplirle la promesa del predicador? Una vez que el cura le ha asegurado que para Dios la eternidad es un instante, decide que lo más prudente es que le garanticen ese ciento por uno con una buena hipoteca en el cielo. Tras firmar la escritura, el sueño de don Orosio comienza a convertirse en pesadilla.

  • Imagen de cubierta Sueño interrumpido

    Cuento donde un médico, un cura y un usurero se encuentran con un matrimonio que ha despertado de un sueño de cien años.

    Nunca se han abierto las ventanas del número 37 de la calle de la Paloma, una casa apoyada con un puntal en el siglo XVIII y pegada a una fábrica de obleas que se vale de todos los adelantos del siglo XIX. Sin embargo, un buen día de 1881 sus ventanas se abren y, poco después, se ve en la calle a un hombre que suscita por su aspecto anticuado la hilaridad de las gentes que habitan la calle en día de mercado. En su tienda de antigüedades despierta a su esposa, María del Pópolo. La gente se agolpa a la puerta de la tienda, sospechando que se trata de unos farsantes o unos titiriteros. Un joven doctor, un cura y un usurero serán los vecinos encargados de entrar a hablar con ellos, descubriendo que se trata de un matrimonio que acaba de interrumpir un sueño de cien años.

  • Imagen de cubierta ¡Hasta la vista!

    Cuento que narra la desventurada de vida de un hombre, marcada siempre por la misma frase: Hasta la vista.

    Tras un exordio filosófico-religioso acerca del ateísmo positivista de los dogmáticos-explicativos y los discursos filósofos-creyentes que se le contraponen, se comienza la narración de la vida de Andrés. Huérfano de madre desde el nacimiento quedó excluido de cualquier vínculo familiar cuando su padre decidió contraer segundas nupcias. De este modo, creció solo y a la ventura hasta que a causa de sus calaveradas y palizas fue enviado a Madrid por su padre, quien lo despidió con un ¡hasta la vista! que habría de zumbarle en los oídos siempre como burla desalmada del autor de sus días. Las desventuras de Andrés no son para contadas y, cada vez que algo en su vida se tuerce, siempre hay alguien despidiéndolo con el consabido ¡hasta la vista! Un usurero al que salvó la vida, la novia que le abandona cuando es llamado al ejército, el capitán al que salvó la vida en aras de su pierna, su mujer adúltera… Todos se despiden de él y su mala fortuna del mismo modo. Muchos años después, en Valdemoro, es él quien se dedica a despedir a los demás.

  • Imagen de cubierta El aficionado

    Cuento de adulterio protagonizado por un usurero amante de los toros.

    Don Braulio Quiroga es un usurero casado con Petra, una hermosa malagueña de veintitrés años a la que contagia su pasión por el mundo del toro. Mucha más pasión incluso una vez que entra en sus vidas el matador Juan el Serrano. El ingenuo marido, burlado en las inmediaciones del burladero, tiene un lugar privilegiado para lucir la esplendorosa cornamenta que le han regalado.

  • Imagen de cubierta El despeñadero

    Cuento donde se mezclan la avaricia de los padres y el amor sincero de los hijos.

    Dos tramas confluyen en este cuento de la tierruca de Alejandro Larrubiera. La primera de ellas, correspondiente a los padres, plantea un crimen inconfesado de la avaricia. La segunda, protagonizada por los hijos, da una oportunidad al amor sincero. La confluencia de ambas dará lugar a problemas incomprendidos y resoluciones imposibles.

  • Imagen de cubierta Memorias de una moneda de oro

    Cuento fantástico que, a modo de relato enmarcado, presenta el único fragmento conservado de las memorias de una moneda de oro.

    Cada noche, cuando un usurero marcha a dormir, el diablo llega para contar las monedas por pecados. Entre ellas encuentra una que habla y le refiere sus memorias. De ellas tan sólo se conserva una página, que da lugar al presente cuento. Sin lugar a dudas, una fantástica autobiografía.

  • Imagen de cubierta A caza de gangas

    Cuento realista de género epistolar que plantea la imposición social del dinero incluso en los asuntos que son exclusivos del amor.

    En la estación veraniega de Mondariz, un representante de la gran sociedad busca un matrimonio que le salve de la miseria en que le tienen usureros y prestamistas. En su afán conoce el amor de Celia, heredera de los Condes de Casa-Zarandiaga. Sin embargo, cartas que no debían ser leídas pondrán de manifiesto la hipocresía y materialismo que definen a la alta sociedad española de finales del siglo XIX.

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