Ganso y Pulpo

Catálogo

  • Imagen de cubierta Un héroe

    Cuento donde un actor curtido sobre las tablas asume la responsabilidad del fracaso de un estreno.

    Un empresario teatral se encuentra en su despacho en plena crisis, pues todos los elementos parecen haberse vuelto contra él. El último de ellos ha sido la dimisión de su primer actor, que ha decidido dejar la compañía porque no le instalaban un baño eléctrico en su camerino. Apenas diez minutos después recibe una extraña visita. Se trata de un pobre hombre que se dedica a portear muebles a los teatros y que aprovecha la recepción para mostrar al empresario las cinco graves cicatrices que existen en su cuerpo. Para sorpresa del administrador, no se trata de un veterano de guerra, sino de un viejo actor con un accidentado currículo. Así pues, ante el inminente estreno de una obra de complicado éxito, el empresario decide contratarlo como actor principal de la compañía. Sobre las tablas se mostrará como un auténtico héroe.

  • Imagen de cubierta El nietecito

    Cuento que aborda los conflictos que la vejez trae consigo para la familia.

    Tras un exordio donde Luis Mariano de Larra reflexiona acerca del nacer estrellado o nacer con estrella, sobre todo en el campo artístico, da paso a un cuento que él mismo denomina «inclusero». Este comienza con un anciano que, ya sin fuerzas para trabajar y solo deseoso de acabar sus días en la mayor tranquilidad posible, decide ofrecer a su hijo y a su nuera todo el dinero de que dispone a cambio de un sitio en la mesa y otro en el hogar de la joven pareja, que acepta encantada la proposición. Sin embargo, lo que durante el primer año es una felicidad, pronto se ve como un deber y, finalmente, como una carga. El nacimiento de un nieto a los dos años del arreglo, desencadena el abandono del abuelo y da pie a diferentes escenas de indiferencia por parte de su hijo y su nuera.

  • Imagen de cubierta Cómo murió Napoleón

    Cuento trágico de Nochebuena que critica la gestión de los asilos infantiles.

    Esta es la historia de un niño de diez años que se gana la vida vendiendo churros y sin robar a nadie. Se trata de un Napoleón honrado y respetable, aunque responsable de ciertas picardías como apedrear perros, echar mazas a las mujeres o silbar a los cocheros del tranvía. En ocasiones va acompañado de Curro, Currito y Curruelo, jóvenes militares que suelen darle el sobrante de sus ranchos cada noche. Ellos son los que le dicen, al verlo el día de Nochebuena con una bandeja llena de churros, que no venderá ni uno. Obstinado, el niño lo intenta, aunque sin éxito. Ya de noche, atenazado por el hambre, gasta las pocas monedas de cobre que tiene en el bolsillo en copas de aguardiente. Después, con el frío arreciando, Napoleón camina con la modorra del borracho hacia el cuartel…

  • Imagen de cubierta Los titiriteros

    Cuento que narra la desgraciada actuación de un grupo de titiriteros en un pueblo de Aragón.

    Tras un exordio acerca de sus impresiones acerca de los titiriteros, volatineros o gimnastas, que van ganándose la vida miserablemente de pueblo en pueblo y de feria en feria, Lustonó se centra en la narración de un drama que dice haber presenciado en una pequeña población cercana a Zaragoza. A esta localidad llegó por las fiestas en honor a la Virgen del Pilar una comparsa de cuatro adultos y un niño de cuatro años. Saltaban como felinos, trepaban como lagartos e incluso uno de ellos se revolvía y descoyuntaba como una culebra. Ahora bien, el más chico también debía hacer negocio y procurarse un porvenir, por lo que era mortificado frecuentemente. El mayor de los piculines, borracho por el tinto ofrecido por los paisanos, decide que el número de cierre serán unos saltos mortales ejecutados por el pequeño…

  • Imagen de cubierta La niña perdida

    Cuento donde la inocencia infantil se ve corrompida por la conducta de sus mayores.

    Federe, hijo del conde de Lupus, es un niño siempre palpitante de expansiva alegría. Una noche, su padre le invita a ir a los jardinillos, dándole una peseta y concediéndole libertad para correr a su antojo y asistir a una función de «Fantoches». Así pues, ambos salen para allá junto al perro Moro. Mientras el conde pasea tranquila y solemnemente con otros personajes, mostrándose ante las gentes como corresponde a su nombre, Federe se topa con una niña que, parada y llena de miedo, no se atreve a dar un paso ante su perro y rompe a llorar. Consigue calmarla, ofreciéndose a llevarla hasta su madre. No obstante, la custodia de la niña es responsabilidad de una tal Lola, de quien teme sus castigos físicos. Federe y la niña perdida congenian, comparten merengue y asisten juntos a la función teatral. A la salida, se encuentran con el conde de Lupus, a quien la niña reconoce como su papá flamenco, el que hace regalos a Lola. Confuso en principio, emplea su autoridad para desacreditar a la niña. De vuelta a casa, Federe sigue preocupado y sin comprender, mientras su padre vaticina que se trata de una niña perdida. Los breves instantes de libertad de los niños quedarán siempre en la memoria.

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