Ganso y Pulpo

Catálogo

  • Imagen de cubierta Jugo de Pedriscos

    Cuento donde un médico enamorado esconde su ignorancia con un remedio fraudulento.

    Juan Varea concluyó su carrera para licenciarse en medicina en tiempos de la revolución septembrina, cuando se encontraban bastante descuidadas las enseñanzas universitarias, logrando cualquier título posible aquel que se presentara y lo pagase. De esta manera y con algo de remordimiento, se encontró ante su tío y protector como médico de poca ciencia, con gusto por hacer versos y con tendencia a ridiculizar el sentimiento religioso. Como último gesto protector, su tío le consigue un puesto en el apartado pueblo de Pedriscos de Arriba, donde al menos no se ve precisado de emplear su poca ciencia. Ahí se acaba enamorando de doña Úrsula, una joven viuda que es la mayorazga del lugar. Todo parece ir bien hasta el momento en que debe salvar de la muerte a la hija de esta, atacada de difteria. ¿Conservará entonces su embuste?

  • Imagen de cubierta La conquista del marido

    Cuento donde una joven esposa debe recurrir a una estratagema para conquistar a su indolente marido.

    Águeda es una joven ojizarca, rubia, pálida y algo regordeta. La conocemos en las tristísimas horas en que la luna de miel de su matrimonio ha comenzado a eclipsarse. Su marido, Feliciano, ya no manifiesta el mismo ímpetu amoroso del noviazgo y los primeros días de casados. Apenas pasa tiempo con ella, siempre con sus salidas fuera de casa. En definitiva, la cosa no pinta nada bien para la joven. Los recuerdos de los días felices, guardados como reliquias en un pequeño cofre, no parecen arreglar la situación, más bien al contrario. Así es que la criada, Inés, la encuentra llorando y, con el corazón compungido, reclama saber lo que apena a su señora. Su convicción se fundamenta en la premisa de que para amar es menester sufrir. Partiendo de ella elaborará un plan para que Águeda conquiste a su marido.

  • Imagen de cubierta Pomona

    Cuento donde el dueño de un restaurante vegetariano comete fraude para no arruinarse.

    El señor Antero ha heredado de una tía de Sigüenza una gran huerta cercana a dicha localidad y unos cuantos miles de pesetas. Por mucho que le da vueltas, no acaba de encontrar un negocio fiable en el que invertir su dinero. Sin embargo, un día, estando en un café, escucha que en la tertulia de la mesa de al lado un hombre afirma que el mejor negocio que montar en Madrid sería un restaurante vegetariano. Antero hace la idea suya y, en dos meses, los clientes ya pueden disfrutar de su menú, compuesto de judías que parecen riñones, filetes de berenjena que parecen muslos de pollo, alcachofas rellenas de hierbas que parecen carne y unas chuletas que parecen de ternera pero son de puré de patatas. Cuando un año más tarde una sequía voraz asola el país, Antero consigue salvar la situación… cometiendo fraude.

  • Imagen de cubierta Castillos en el aire

    Cuento donde la ambición material pone en compromiso los bienes morales que ya se tienen.

    La vida del platero don Lino discurre sin preocupaciones. Felizmente casado con doña Mónica y amado también por su hija Salvadora, su vida es uniforme y sin ambiciones. De hecho, la única ambición de su entorno parece ser la de su empleado Mariano, un chico honrado que comparte con su hija las delicias del amor y espera poder casarse con ella algún día. En este contexto, una nota leída en La Correspondencia echa todo al traste. Don Lino quiere de repente ser millonario por la vía rápida, y así piensa que lo va a conseguir gracias a la empresa de don Carlos, que le garantiza que con una inversión de diez mil duros puede ganar en poco tiempo dos millones. Así, embaucado por su nuevo socio y deslumbrado por el lujo, comienza a avergonzarse de su vida pasada y adoptar las costumbres que siempre había vituperado. La paz doméstica desaparece, su carácter se torna agrio y orgulloso… hasta el día en que don Carlos desaparece.

  • Imagen de cubierta La muela del juicio

    Cuento satírico acerca de la pusilanimidad de un marido cuarentón.

    Don Perfecto Verdaloga, a sus cuarenta y cuatro años, vive bajo la tiranía de su esposa Robustiana, que nunca le deja dinero para sus expansiones. De este modo, el hombre, sin atreverse a la rebelión, acaba optando por mantener una aventura adúltera con una costurera huérfana. Ahora bien, siempre falto de recursos, habrá de encontrar en la muela del perro de su mujer, muerto por el moquillo, la oportunidad de hacer el negocio que le permita llevar a comer a su querida por el día de su santo a un fondín de la Puerta de Alcalá. Sin embargo, las inconveniencias de ejercer un oficio sin licencia o las malas artes de una portera ladina serán algunos de los obstáculos a los que don Perfecto habrá de hacer frente.