Ganso y Pulpo

Catálogo

  • Imagen de cubierta La casa maldita

    Cuento donde un cuadro encierra la historia de una maldición paterna.

    El narrador de esta historia cuenta cómo compró un cuadro que representaba una tapia medio derruida con cuatro tejas rotas que coronaban el caballete, y en primer término, dos troncos carcomidos de dos árboles sin copa ni ramaje, que dibujaban su silueta en la pared. Se trata de una pintura donde reina un ambiente triste y siniestro, encerrando algo que aterra y causa un espanto indefinible. Dos años más tarde recibe la visita de un paisano de la aldea leonesa donde tuvo cuna y a través de él conoce que la tapia pertenece a la conocida como Casa maldita y que, además, representa justo el momento de la aparición de una tal Gabriela. Ello da pie para conocer la historia de la maldición que pesa sobre la muchacha, después de haber llevado a la locura a su padre por sus actos nada honrados.

  • Imagen de cubierta Cante flamenco

    Cuento donde un cantaor confiesa su hartazgo de la juerga y la humanidad.

    El sol comienza a brillar con fuerza y contundencia en el cielo. En la habitación, último bastión de la noche, son visibles los estragos de la juerga pasada. En un ambiente viciado, cargado de olores nauseabundos y manzanilla derramada, doce bultos se reparten durmiendo la mona por el suelo. Solo dos personas se mantienen sobrias: el cantaor Pepe y un treintañero llamado Luis. Ambos entablan una conversación, té mediante, antes de dar por finiquitada la noche. De este modo se propicia la confesión del cantaor, que como trasunto del payaso triste, tras cuatro años de oficio alegrando las veladas de tanta gente con su cante flamenco, se manifiesta hastiado de su modo de vida y repudiando a los hombres que le rodean y siempre conoce borrachos.

  • Imagen de cubierta La perla del molino

    Cuento donde un calavera se redime gracias al amor y la virtud de una campesina.

    Es este uno de esos cuentos que acaban bien a pesar de que todo apunta a que debería ocurrir lo contrario. Gustavo es un calavera que se dedica a vagar sin objeto por las calles de la corte madrileña, aburrido de sus propios excesos, cansado de no hacer nada. Tras una pérdida importante de dinero en una mesa de juego, parte hacia el pueblo de su rico tío una temporada. Ahí, sin esperarlo, se produce un cambio fundamental en su vida, adquiere la madurez que a sus treinta y cinco años brillaba por su ausencia. A ello quizás ayuda el aire puro del campo, pero sobre todo la presencia de María, una joven campesina, hija de un molinero. Las diferencias de edad y economía no son suficientes para evitar que se enamore perdidamente de ella, encontrando la redención en el amor, gracias a la virtud que la muchacha encarna.

  • Imagen de cubierta El Club de los solteros

    Cuento satírico donde un club de solteros convencidos va perdiendo socios constantemente.

    En una ciudad extranjera existe una asociación conocida como el club de los solteros. Su presidente, llamado Héctor, es un treintañero enamoradizo, que pierde por la cabeza por una u otra mujer… hasta el momento en que sale a colación el enlace matrimonial. El vicepresidente es su mejor amigo, por nombre Aquiles, que a diferencia del anterior se mantiene en la soltería porque aborrece a las mujeres, siendo incapaz de comprender que los hombres puedan enamorarse de cualquiera de ellas. El club contó con días de gran gloria. Sin embargo, poco a poco, todos sus socios van desertando de sus posiciones a pesar de los esfuerzos de los dos socios fundadores. Sin nuevas altas y gran número de traiciones, acaban solos los dos. El mayor conflicto surgirá en el momento en que uno de ellos decida también abandonar la asociación.

  • Imagen de cubierta El mesonero

    Cuento de Navidad donde va creciendo el odio hacia la figura belenística del mesonero.

    El protagonista de este cuento de Nochebuena comienza recordando cómo se celebraba la pascua navideña en su casa cuando era pequeño. Pronto sus recuerdos se dirigen hacia la claridad que emana el belén, con sus figuras de barro, su río de cristale, sus montañas nevadas, su pradera de césped. Entre sus elementos hay uno que se destaca enormemente: el conjunto del mesonero que niega a San José y la Virgen parturienta asilo y calor. Recuerda cómo una anciana criada le contaba siempre esta parte de la historia representada por los nacimientos y cómo su rabia infantil no ha menguado con el paso de los años, extendiéndose su aversión y odio hacia los mesones y mesoneros reales. Relata entonces cómo se perdió una vez por un camino en la víspera de Nochebuena y cómo acabó encontrado, muerto de frío y agotamiento, un mesón en el que pedir asilo…

  • Imagen de cubierta El niño de París

    Cuento que narra desde el inocente punto de vista de una niña la muerte en el momento del parto.

    En casa de los señores de López hay bastante ajetreo. Entre el lujo de sus muebles y sus amplias habitaciones algo sucede. Así lo delatan los pasos apresurados de los sirvientes, yendo escalera arriba y abajo sin cesar por un momento. Con la llegada a la casa de la madre de uno de los propietarios conocemos a Laurita, la niña de la casa, que anda preocupada al no entender tanto trajín por una enfermedad de su madre. Su abuela la tranquiliza y marcha entonces a jugar con una muñeca en una de las salas de la casa. Ahí aparece por un momento el padre, que le informa de que pronto va a tener un hermanito. Para salvaguardar la inocencia de su hija recurre a la cándida fábula que afirma que los niños vienen de París. La confusión de la niña ante la realidad negada se pondrá en evidencia en el peor de los escenarios posibles.

  • Imagen de cubierta La pasante

    Cuento donde una niña sacrifica la empatía en aras de la rectitud.

    Doña Isabel es el último retoño de una dinastía de maestros de escuela. Físicamente es una mujer muy fea, pero destaca más su hermosura y simpatía, siendo favorita entre los niños de la escuela de párvulos que dirige su padre, don Pablo, en Madrid. Isabel es conocida como la pasante a pesar de ascender tras la muerte de su madre, que tenía especial predilección por una niña llamada Angelina. Esta es vanidosa y prepotente, sumamente cerebral, y se guía por el principio rector de que quien la hace debe pagarla. Esta rectitud la asume y practica con total rigor, como demuestra un episodio de castigo en la escuela. Pasados los años, siendo ya adulta, padecerá su propia falta de empatía y compasión en sus propias carnes, contrastando con los sentimientos de doña Isabel.

  • Imagen de cubierta ¡Por el amor de Dios!

    Cuento que muestra la crueldad de unas mujeres que maltratan a sus hijos para conseguir limosna.

    Inmersos en un diálogo coral conocemos a Petra, una mujer que anda por las calles y plazas pidiendo limosna con su hijo en brazos. Este no para de llorar y quejarse, hambriento, lo cual aviva la compasión de los transeúntes que con esta pareja se cruza. Tiempo después, Petra y su hijo se alejan hacia un arrabal y entran en una taberna. En ella, el niño continúa llorando mientras la madre come y bebe un jarro de vino tras otro. Con ella se sienta a la mesa algo después Nicolasa, también con su hijo en brazos. Al comentar lo poco que ha ganado, queda pasmada ante la gran cantidad de monedas logradas por Petra. Esta le explica que para conseguir mover a piedad a los ricos se necesita que el niño llore. La codicia llevará a la amiga a plantearse la posibilidad de maltratar a su hijo para conseguir más dinero.

  • Imagen de cubierta Los réditos

    Cuento donde tres sobrinos logran heredar tras una larga espera, mas sin encontrar satisfacción.

    El tío Celedonio es un afortunado chocolatero que, con el esfuerzo de su trabajo, ha conseguido amasar una buena cantidad de ahorros a lo largo de su vida. A sus setenta y pico de años, es todo un dulce a ojos de sus tres sobrinos: Rafael, Pepe y Baltasar. Los tres viven gracias a unos empleos de ajustado saldo, en el común fluir de la mediocridad. Siempre pendientes del dinero que ha de caer en sus manos cuando el tío muera, presas de su ambición, viven rehusando a tener una familia, pues bien habrán de casarse con una mujer con dote equiparable a sus futuras cuentas. Sin embargo, el tiempo pasa y el tío vive. Cuando por fin muere el chocolatero y pueden dar rienda suelta al saciado de sus perennes apetitos, resulta ser demasiado tarde.

  • Imagen de cubierta Prólogo (de un libro que no se publicará nunca)

    Parodia de los abusos vanidosos de los escritores en los prólogos de sus obras.

    He aquí el prólogo de un libro que no se ha de publicar nunca porque los lectores, seguramente, nunca estén realmente preparados para valorar como merece la magnitud de sus ideas o la belleza encomiable de su estilo. Ello no exime al autor de emplear este prefacio a su obra para repartir estopa a diestro y siniestro, con su buen aderezo de citas de autoridad y menciones de todo tipo de autores clásicos que vienen a demostrar lo amplio de su entendimiento, a dar fe del alcance de toda su vasta sapiencia. Por supuesto, no faltan ataques a aquellos autores que se sirven de amistades políticas o afamadas para conseguir vender sus mediocres invenciones. Y, a modo introspectivo, tampoco faltan loas a un ego totalmente desmedido.

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