Ganso y Pulpo

Catálogo

  • Imagen de cubierta La aldeana en Madrid

    Cuento donde virtud y vicio se oponen del mismo modo en que lo hacen pueblo y ciudad.

    Cecilia es la hija de un rico labrador de la provincia de Alicante. Huérfana de madre, siempre vio satisfechos sus caprichos, si bien la belleza de su alma nunca hizo que estos fuesen de signo negativo. Su gran deseo siempre consistió en casarse con un señorito de la capital, para así poder vivir en la gran ciudad y ser conocida de todos por su hermosura, juventud y riqueza. Finalmente, un verano se enamora de un vizconde llamado Álvaro, que si bien ya no era rico sí contaba con diversas propiedades. La relación avanza y deciden casarse, aunque él preferiría no vivir en Madrid, sino en la zona rural a la que pertenece Cecilia. Ella no ceja en su empeño y consigue mudarse a Madrid. Sin embargo, muchos son los obstáculos para una aldeana recién llegada a la capital.

  • Imagen de cubierta La verdadera belleza

    Cuento donde se contraponen vanidad y virtud, encarnadas en dos hermanas.

    Ángela y Soledad son hermanas, aunque no tienen mucho que ver la una con la otra, ni en apariencia física ni en valores morales. Ángela es una muchacha tremendamente hermosa, al tiempo que queda definida por su coquetería, vanidad y superficialidad. Soledad, por otra parte, es una joven bastante fea en lo físico, aspecto que queda eclipsado por las virtudes de su honesto corazón. El tiempo pasará para ambas, demostrando, como ya se apunta desde el título, dónde radica la verdadera belleza.

  • Imagen de cubierta El romance del astrólogo

    Relato donde el orgullo motiva la confesión de un crimen.

    José Fernández Bremón abre este relato con unas eruditas notas acerca de los ajusticiamientos realizados en Madrid durante los siglos previos a la época que le es contemporánea, centrando su atención en un crimen acontecido en 1680. La víctima es un astrólogo, que antiguamente había sido clérigo. El asesino es un tal Tiburcio, rico tabernero de la calle de Toledo. Adentrándose en los posibles motivos del crimen, se teje una breve historia que parte de los consuelos a la viuda. Los excesos etílicos, la envidia del prójimo y las más altas cotas del orgullo darán poco a poco lugar a una peculiar confesión, que si bien llega tarde, deja de manifiesto una corrupción moral que parece ser inherente al género humano. Eso bien merece un romance.

  • Imagen de cubierta De las memorias de Juan Gandul

    Cuento satírico cuyo protagonista hace de la pereza su felicidad.

    El protagonista de este brevísimo relato está orgulloso y feliz de poder asegura que, ya desde la misma fecha de su nacimiento, siempre ha sido un gandul redomado. Su empeño ha consistido en coleccionar años en los que no hubiera trabajado absolutamente nada y resulta que puede asegurar que se ha salido con la suya. Pero la vagancia, a la cual considera patrimonio exclusivo de los seres superiores, siempre exige sacrificios, de tal modo que pasarse la vida ganduleando cuesta un enorme trabajo. De ello da fe el testimonio de Juan Gandul, que relata el modo en que consiguió desembarazarse de los trabajos físicos e intelectuales hasta el punto actual, en que es un hombre absolutamente felicísimo.

  • Imagen de cubierta Historia de un retrato

    Cuento que, a través de un retrato, reflexiona sobre lo pasajero de los afectos.

    Tres niñas, dos españolas y una cubana, se conocen en el colegio en que han sido internadas en París y se convierten en amigas incondicionales. Los años pasan y, obligadas a separarse, no les queda más remedio que mantener su amistad por la vía epistolar. Sin embargo, nunca tarda en llegar la falta de constancia en este tipo de relaciones y la distancia acaba imponiéndose a los buenos sentimientos de la amistad. Pero, casualidades de la vida, dos años más tarde, la narradora se reencuentra con su amiga Leonor en las calles de París. Esta es ahora una elegante señora, madre de una niña y esposa de un comandante de húsares. El retrato de este campea al frente del gabinete de Leonor y, a lo largo del relato, sirve como símbolo de los afectos efímeros.

  • Imagen de cubierta Un buen partido

    Relato de prisma sociológico que aborda el concepto de «ser un buen partido».

    En este texto, Eduardo de Lustonó articula literariamente sus reflexiones acerca de un extendido concepto social: «qué es ser un buen partido». Un somero análisis le permite percibir que no solo parece que los aspectos morales, éticos y estéticos no priman en la ecuación, sino que muchas veces se da valor a sus contrarios. Los bulevares de París, los paisajes del Rhin, las casas de baños, los destinos predilectos para veranear, los sastres y las modistas que campean por Europa, los espectáculos teatrales… Todo ello es lo que importa realmente en un mundo donde el amor es una quimera, donde solo el cariño parece fundamental para ser feliz junto a alguien. Siendo esto cierto, ¿por qué no elegir como pareja a un hombre viejo, feo y con la billetera repleta?

  • Imagen de cubierta La mesa redonda

    Sátira de la sociedad vanidosa que coincide en los establecimientos balnearios sin más afán que el de figurar.

    Es temporada de baños, la moda imperante hace que en ellos se junte la considerada flor y nata de la sociedad, como así ocurre en el Gran Hotel de una de las playas del norte del país. Ahí, alrededor de una mesa redonda, se juntan para comer y conversar los bañistas. Todos ellos parecen tener un claro punto de conexión, pues ninguno de los personajes presentes deja escapar la ocasión brindada para regalarse en los chismorreos o en quejarse ostensiblemente del servicio y así subrayar su posición dominante. La superficialidad y la vanidad están servidas alrededor de la mesa redonda del establecimiento que, en este relato, se presenta como trasunto de la vida social, a la cual todos llegamos, pobres o ricos, para amarnos y aborrecernos, para después desaparecer y no vernos más.

  • Imagen de cubierta El gusano de seda

    Relato donde el gusano de seda sirve como motivo para criticar la actitud de las mujeres mundanas.

    Con una escritura muy consciente de sí, Ortega Munilla comienza este relato, al que subtitula «Fantasía», con un rumor de hojas destrozadas, con un roer de mil millones de pequeños dientecillos, con un gusano de seda comiendo. Este rumor evoca en la memoria la imagen de una bella dama elegante, voraz en la mesa de un hotel, con su vestido de seda. Se trata de una mujer que ha vivido devorando caudales ajenos. Su recuerdo lleva al narrador a lamentarse por aquellas pobres mujeres que en aras de la vanidad han entregado su honra. Finalmente, da conclusión al texto una sucesión de retazos de pensamiento, trozos de frases, restos de ideas, recortaduras de sueños, principios de remordimientos… todos ellos ocasionados por el gusano de la seda.

  • Imagen de cubierta Castillos en el aire

    Cuento donde la ambición material pone en compromiso los bienes morales que ya se tienen.

    La vida del platero don Lino discurre sin preocupaciones. Felizmente casado con doña Mónica y amado también por su hija Salvadora, su vida es uniforme y sin ambiciones. De hecho, la única ambición de su entorno parece ser la de su empleado Mariano, un chico honrado que comparte con su hija las delicias del amor y espera poder casarse con ella algún día. En este contexto, una nota leída en La Correspondencia echa todo al traste. Don Lino quiere de repente ser millonario por la vía rápida, y así piensa que lo va a conseguir gracias a la empresa de don Carlos, que le garantiza que con una inversión de diez mil duros puede ganar en poco tiempo dos millones. Así, embaucado por su nuevo socio y deslumbrado por el lujo, comienza a avergonzarse de su vida pasada y adoptar las costumbres que siempre había vituperado. La paz doméstica desaparece, su carácter se torna agrio y orgulloso… hasta el día en que don Carlos desaparece.

  • Imagen de cubierta Ocho días en el campo

    Cuento donde la experiencia del veraneo no resulta como se esperaba.

    Julieta se siente enfermar, nota que debe salir de Madrid ese verano sin falta o su salud acabará por desaparecer. Ya puede oponerse Leoncio, su marido, pero el médico ha sido completamente claro al respecto: necesita ir a unos baños o, cuando menos, a tomar el aire puro y fresco del campo. Finalmente, consigue que su marido acepte su salida de Madrid, gestionando todo para conseguir una casa de verano en el pueblo de Valdemoro. Una vez allí, los contratiempos propios de la naturaleza ponen de mal humor a Julieta, confiada sin embargo en encontrar un buen desayuno y poder descansar de tales peripecias. Sin embargo, pronto se dan cuenta de que todos los alimentos buenos parten al punto de la mañana hacia Madrid y que, lo poco que queda, aun siendo rancio, se cobra a precio de oro. Tras ocho días en el campo, Julieta repasa con su marido las cuentas de su ansiada experiencia.

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